Podría oler cualquier cosa: las flores, el vino, las sábanas, el aire puro… cualquier aroma. Pero tu perfume lo invade todo. Te has ido, pero has dejado gran parte de ti en la habitación. Es una sensación casi asfixiante, el olerte y no verte, como un fantasma que me rodea con una embriagadora esencia. Asfixiante, sí, pero dulce y agradable a la vez, como una paradoja personal. Me ahogo sin oponerme. No puedo respirar, pero no quisiera rodearme de otro olor que no sea el tuyo. Si la muerte tiene esta fragancia, que me lleve con ella sin pensarlo dos veces.
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miércoles, 6 de mayo de 2009
Un recurso utilizado cuando no sé qué subir (Parte IV)
domingo, 26 de abril de 2009
La insoportable levedad de un "Te quiero"
Una mirada, una mera sonrisa o cualquier otro detalle efímero son suficientes para creértelo. Clamas tus sentimientos al aire con un grito escrito en mayúsculas. Llevas Amor como nombre de pila y una fecha como apellido. Nadie quiere en este mundo ni en los otros como lo haces tú (Qué sabrán los otros del amor). Quieres a todas horas, amas todos los días. Marcas árboles, bancos y paredes con tu querer. Todo en sólo 6 días. Pero al séptimo día todo acabó.
No has tardado en curarte gracias a otra mirada, otra sonrisa y otro detalle. ¿Antes estabas enamorado? ¡Ni punto de comparación! Esto es mucho más fuerte. Una sensación de cosquilleo te muerde el cuerpo. ¡Esto merece ser anunciado! Las letras no son lo suficientemente grandes ni el sonido del teclado lo suficientemente fuerte. ¡Cuánto amor cabe en ti! Lleno otra vez tan sólo en 3 días. Pero no duró mucho más.
La honda tristeza en la que te sumergiste era un simple charquito. Ese cosquilleo no serían más que gases. Ahora sí que sí, lo has encontrado de verdad. El amor ha llamado a tu puerta. Una bolsa incendiaria te ha dejado, pero te enamoras de esa bolsa. ¡Alma cándida! La quieres con fuerzas triplicadas que la vez anterior, y de la primera, ¿quién se acuerda? Solo esperas que, esta vez, dure lo suficiente como para que merezca la pena decir “Te quiero”.
No has tardado en curarte gracias a otra mirada, otra sonrisa y otro detalle. ¿Antes estabas enamorado? ¡Ni punto de comparación! Esto es mucho más fuerte. Una sensación de cosquilleo te muerde el cuerpo. ¡Esto merece ser anunciado! Las letras no son lo suficientemente grandes ni el sonido del teclado lo suficientemente fuerte. ¡Cuánto amor cabe en ti! Lleno otra vez tan sólo en 3 días. Pero no duró mucho más.
La honda tristeza en la que te sumergiste era un simple charquito. Ese cosquilleo no serían más que gases. Ahora sí que sí, lo has encontrado de verdad. El amor ha llamado a tu puerta. Una bolsa incendiaria te ha dejado, pero te enamoras de esa bolsa. ¡Alma cándida! La quieres con fuerzas triplicadas que la vez anterior, y de la primera, ¿quién se acuerda? Solo esperas que, esta vez, dure lo suficiente como para que merezca la pena decir “Te quiero”.
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Indeterminación y otros insectos,
Prosa lírica
domingo, 19 de abril de 2009
El Tiempo
Llega un momento en la vida cuando el tiempo nos alcanza. (No sé si expreso esto bien.) Quiero decir que a partir de tal edad nos vemos sujetos al tiempo y obligados a contar con él, como si alguna colérica visión con espada centelleante nos arrojara del paraíso primero, donde todo hombre una vez ha vivido libre del aguijón de la muerte. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe! Un día, unas horas son entonces cifra de la eternidad. ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?
Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vida estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.
Ocnos, Luis Cernuda
Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. La vida estaba echada, sumiendo el ambiente en una fresca penumbra, y sobre la lona, por donde se filtraba tamizada la luz del mediodía, una estrella destacaba sus seis puntas de paño rojo. Subían hasta los balcones abiertos, por el hueco del patio, las hojas anchas de las latanias, de un verde oscuro y brillante, y abajo, en torno de la fuente, estaban agrupadas las matas floridas de adelfas y azaleas. Sonaba el agua al caer con un ritmo igual, adormecedor, y allá en el fondo del agua unos peces escarlata nadaban con inquieto movimiento, centelleando sus escamas en un relámpago de oro. Disuelta en el ambiente había una languidez que lentamente iba invadiendo mi cuerpo.Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.
Ocnos, Luis Cernuda
jueves, 16 de abril de 2009
Un recurso utilizado cuando no sé que subir (Parte II)

Se dilatan las pupilas, asombradas. Jade y ámbar fundidos en uno solo. Las pestañas casi se tocan. Tus ojos tienen hambre de los míos; y mis ojos, sed de ti. Nuestros cuerpos se mueven, pero los ojos permanecen inmóviles, encantados de haberse conocido. Me miras, te miro. Me guiñas y me derrito. Cierro los ojos, pero los tuyos se han quedado grabados en mi mente. Nada como saber que me estás viendo para dejarme llevar y no comerte sólo con los ojos.
sábado, 11 de abril de 2009
Un recurso utilizado cuando no sé que subir (Parte I)

Un sonido, y otro, y otro. El silencio se rompe en la habitación. Puedo oír tu respiración jadeante mientras el dormitorio cobra vida: de las paredes surge el ritmo musical de la radio en la habitación contigua; el viento silba con furia tras la ventana, celoso de no poder entrar con nosotros; y la cama se queja con cada movimiento, aquejada ya por la edad. Por mi parte, rompo la aparente calma de los demás muebles contando chistes estúpidos. Ya sabes que los nervios me hacen ser un poco idiota. Pero tú te ríes bajito, besándome la oreja. Todo el ruido se vuelve armonía, una composición de notas y silencios que nos envuelve una vez que apoyo mi cabeza en tu pecho, pudiendo así escuchar tu corazón.
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